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El Hocicón
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La presentación de la mujer en la sociedad

La costumbre de presentar a las jovencitas a la sociedad al cumplir los quince años, data de finales del siglo antepasado pero se hizo celebre a principios del siglo pasado. Principalmente el hecho de enviarlas a Europa, en especial a Viena, Austria, a celebrar su cumpleaños.
Pero muy pocos saben que este estilo de celebración tiene su origen en la costumbre que tenían los Aztecas de exhortar a sus hijas a muchas cosas hablándoles de una manera muy tierna cuando llegaban a la edad de la "discreción", tal como sus informantes se lo hicieron saber a Fray Bernardino de Sahagún, quien lo recopiló en un texto que dice:

"Tú, hija mía, preciosa como cuenta de oro y pluma rica salida de mis entrañas, a quien yo engendré, y que eres mi sangre y mi imagen; Tú, que estás aquí presente, oye con atención lo que te quiero decir, porque ya tienes edad de discreción.
Dios creador te ha dado uso de razón y habilidad para entender, el cual señor está aquí, y todo lugar; y pues que es así, que ya entiendes y tienes uso de razón, para comprender cómo son las cosas del mundo, y que en él no hay verdadero placer ni verdadero descanso, mas por el contrario, hay trabajos, cansancio, aflicciones, cansancios extremados, abundancia de miseria y pobreza,
¡Oh, hija mía!, que este mundo es de lloros, aflicciones, y es lugar de hambre y de sed. Esto es muy gran verdad y por experiencia lo sabemos; nota bien lo que te digo, hija mía, que este mundo es malo y penoso, donde no hay placeres sino desazones; hay un refrán que dice: "que no hay placer solo, sino que no esté junto con muchas tristezas: que no hay descanso que no esté junto a la aflicción", acá en la tierra, éste es dicho de los antiguos que nos dejaron, para que nadie se aflija con demasiados lloros y con excesiva tristeza. Nuestro señor nos dio la risa, el sueño, el comer y el beber con que nos criamos y vivimos; dionos también el oficio de la generación con que nos multiplicamos en el mundo: todas estas cosas dan algún contento a nuestra vida por poco espacio, para que después nos aflijamos, cuando no se actúa de manera seria y correcta. Aunque esto es así, y éste es el estilo del mundo donde están algunos placeres mezclados con muchas fatigas, no se echa de ver ni aún se teme, ni aún él, y hay reinos, señoríos, se llora, porque vivimos en dignidades y oficios de honra, unos cerca de los señoríos y reinos, otros cerca de la milicia. Esto que está dicho es muy gran verdad, que pasa entre nosotros: mas nadie lo considera, nadie piensa en la muerte, solamente se considera lo presente que es ganar, que es comer, que es beber y pasear la vida, edificar casas, trabajar para vivir, y buscar mujeres para casarse, y las mujeres casarse pasando del estado de mocedad al de la vejez; esto, hija mía, es así como lo he dicho.
Pues nota ahora y oye con sosiego que aquí está tu madre y señora, de cuyo vientre saliste como una p[piedra que se corta de otra y se engendró como una yerba que engendra otra; así, tú brotaste y naciste de tu madre. Has estado aquí como dormida, ahora ya has despertado. Mira y oye y sábete, que el negocio de este mundo es como tengo dicho. Ruego a dios que vivas muchos días; pero es menester que bien sepas cómo has de vivir, y cómo has de andar tu camino porque el de este mundo es muy dificultoso.
Ten entendido, hija primogénita, que vienes de gente noble, hidalga y generosa. Eres sangre de señores y senadores, que ha ya muchos años que murieron, y pusieron el trono y estado del reino y dejaron fama y honra en las dignidades que tuvieron y engendraron su nobleza; hija mía, quiero aclarar lo que digo. Sábete que eres noble y generosa, considérate como tal: aunque eres doncellita, eres preciosa como un chalchihuite y como un zafiro, y fuiste labrada y esculpida de noble sangre, de generosos parientes.
Vienes de deudores muy principales e ilustres, y esto que te digo, hija mía, bien lo entiendes, porque ya no andas amontonando tierra y jugando con tejuelas y con el barro, con otras niñas: ya entiendes y usas la razón.
Mira que no te deshonres a ti misma: mira que no te afrentes a nuestros antepasados los señores; repito, que eres noble y generosa. Ves aquí la regla que debes seguir y guardar para vivir bien en este mundo, entre la gente que en él vive: Mira que eres mujer, nota lo que has de hacer: de noche y de día debes de orar muchas veces, y aspirar al dios invisible e impalpable, que se llama yoaliehecatl demandándola con clamores y tendidos los brazos en el secreto de tu recogimiento: mira que no seas dormilona; despierta y levántate a la media noche, y póstrate de rodillas, y de codos delante de él; inclina y cruza los brazos: llama con clamor de tu corazón a nuestro señor dios. Mira, hija, que de noche te levantes y veles y te pongas en cruz; echa de ti la ropa, lávate la cara, manos y boca; toma pronto la escoba y ponte a barrer, barre con diligencia; no estés perezosa en la cama; levántate a lavar las bocas a los dioses y a ofrecerles incienso, y mira, no dejes eso por la pereza, que con estas cosas demandamos a dios y clamamos a él, para que nos dé lo que cumple.
Hecho esto, comienza luego a hacer lo que es de tu oficio, hacer cacao, a moler maíz, o bailar o tejer; mira que aprendas muy bien como sea bien hecho: quiero decir aquella comida o bebida para los señores y que sólo a ellos se da, y por cierto esto se llama tecunaltlacualli. Obrando de este modo serás enriquecida donde quiera que dios te diere suerte de tu casamiento y si por ventura vinieres a necesidad de pobreza, mira que aprendas muy bien y con gran advertencia el oficio de las mujeres que es hilar y tejer.
Abre los ojos para ver cómo tienen una manera de tejer, y de labrar y de hacer las pinturas en las telas, cómo ponen los colores, y cómo juntan las unas con las otras para trabajar bien. Las que son señoras y hábiles en este arte, aprenden bien cómo se urde la tela, y cómo se ponen los lienzos en ella, como las cañas entre la tela y otra para que pase por en medio la lanzadera. Mira que seas en todo muy atenta y muy diligente, no dejes de saber esto por negligencia o por pereza, porque ahora que eres mozuela, y tienes buen tiempo para entender, tu corazón está muy simple y hábil y es como chalchiuite fino y como zafiro, y tiene habilidad, pues no está aún mancillado en algún pecado (1), sino puro, simple y limpio, sin mezcla de ninguna mala afección; y también porque aún vivimos los que te engendramos, pues que tú no te hiciste a ti y formaste; yo y tu madre tuvimos este cuidado y te hicimos, porque ésta es la costumbre del mundo, no es invención de alguno, es orden de nuestro señor dios, que haya generación por vía de hombre y de mujer para hacer multiplicación y población, entre tanto que somos y que vivimos; y en nuestra presencia antes que muramos y que nos llame nuestro señor; vivir es honra y honor, hija mía muy amada, mi paloma, mi primogénita, que entiendas estas cosas dichas y las sepas muy bien, para que después de nuestra muerte, puedas vivir honrada y entre pesonas de honor; porque andar a coger hierbas y vender leña o vender aji verde o sal, o salitre a los cantones de las calles, en ninguna manera te conviene, pues eres generosa y desciendes de gente noble y hidalga.
Mira que no desees un hombre por mejor dispuesto, no te enamores de él apasionadamente. Si fuere bien dispuesto el que te demandare, recíbele, y si fuere mal dispuesto y feo, no lo desheches, toma aquél porque lo envía dios, y si no le quieres recibir, él burlarase de ti para deshonrarte ya trabajando a ver tu cuerpo por mala vía y después te pregonará por mujer mala. Mira, hija, no te juntes con otro, sino con sólo aquel que te demande: vive con él hasta que muera: no lo dejes aunque él te quiera dejar, aunque sea un pobrecito labrador u oficial, o algún hombre común de bajo linaje. Aunque no tenga qué comer no lo menosprecies, no lo dejes, porque poderoso es nuestro señor de proveeros y horaros, y porque es sabedor de todas las cosas y hace caridades a quien quiere.
Esto que he dicho, hija mía, te doy por tu doctrina para que sepas valer, y con esto hago contigo lo que debo delante de dios; si lo perdieres, sea a tu cargo, que yo ya hice mi deber. ¡Oh, hija mía y muy amada primogénita! Seas bien aventurada, y nuestro señor te tenga en paz y reposo".

El templo precolombino donde se reunían a realizar esta ceremonia se ubicaba en la esquina que forman las calles de Argentina y Donceles. Posteriormente, en ese lugar, el arquitecto Manuel Tolsá, edificó una construcción palaciega (El edificio de la SEP) donde pensaba instalar al rey Fernando VII si hubiera sido liberado por Napoleón, pero no fue así y se inició la guerra de independencia.
El historiador y maestro Ignacio y Marquina afirma que era el templo dedicado a Xicohiquétzal -diosa azteca de las flores-.

1. Ésta es sólo una muestra de la adaptación original del texto nahualt al castellano. La verdad es que gran parte de las tradiciones indígenas, al ser narradas, en su mayor parte por frailes y, en este caso específico, por fray Bernardino de sahagún, al castellanizarse, se adaptaron a la cultura europea por la preparación cultural y formación de los autores.

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